El pasado y el futuro se resuelven en el presente

Hay patrones que se expresan a través de la existencia humana una y otra vez, buscando transformarse en formas más depuradas y fluidas. La violencia, la separación, la desigualdad, el estancamiento, la explotación o la cosificación de las personas, de la naturaleza y de los animales se manifiestan desde nuestras células hasta la realidad que observamos fuera de nosotros mismos.

El biólogo Rupert Sheldrake propone que los sistemas vivos no guardan su memoria en un punto fijo del tiempo, sino en campos de información compartidos —lo que él denomina resonancia mórfica— a los que cualquier miembro de un sistema puede acceder por semejanza, sin necesidad de rastrear su origen exacto. Es una idea que resuena con lo que podemos experimentar en estados de conciencia ampliada, donde es posible conectar con información de la experiencia humana. Este tipo de experiencias también las interpretamos como “vidas pasadas”, ya que pueden vivirse como si fuéramos nosotros mismos en otro espacio-tiempo. Sin embargo, desde mi experiencia, somos cada uno resonando, a través de nuestra memoria celular y de nuestra comprensión vital presente, con algo que ya estaba ahí, en la conciencia universal, y que en su paso por la Tierra se materializa en múltiples formas, en transformación continua.

Volviendo a los patrones —carencia, desvalorización, negación, supresión, abuso, engaño, enfermedad, adicción—, estos terminan estando presentes en los procesos de transformación porque limitan, de uno u otro modo, el avance personal, organizacional o social. Existen técnicas que abordan esa transformación buscando comprensión y resignificación desde lo cognitivo, explorando en profundidad el linaje transgeneracional, el clan familiar, los ancestros o las propias experiencias de infancia, e incluso las perinatales. Buscan un origen que comprender desde la mente consciente o revivir experiencias que reactiven el inconsciente implicado. El ser humano necesita poner palabras, formas y comprensión desde una dimensión habitada en lo material, en lo visible y reconocible. Y eso tiene su valor: da perspectiva, aporta contexto y, para muchas personas, encontrar sentido a su experiencia supone un alivio real.

Pero comprender no transforma por sí mismo. Desde un punto de vista terapéutico, vale la pena preguntarse qué aporta someter al cuerpo a la carga que esas experiencias dejan en el sistema nervioso. Si partimos de la idea de que la realidad que queremos transformar también puede manifestarse a través de una crisis, y de que los patrones que la sostienen pueden observarse en el cuerpo, la salud, los vínculos, el entorno, los acontecimientos sociales y geopolíticos, e incluso en los fenómenos meteorológicos, ampliamos la mirada.

El cuerpo tiene memoria. La Tierra también la tiene. Y todos somos, a su vez, parte de sistemas energéticos más amplios que se expresan en el presente con la carga del pasado y que pueden condicionar un futuro según hacia dónde encaminemos nuestra propia transformación.

Peter Levine, creador del enfoque Somatic Experiencing, sostiene que el trauma no se resuelve reviviendo el relato una y otra vez, sino trabajando en el presente la energía —la activación fisiológica— que quedó incompleta en el cuerpo. De hecho, advierte que la exposición prolongada a la narrativa del suceso, sin el acompañamiento adecuado, puede retraumatizar en lugar de favorecer su resolución. No hace falta reconstruir y revivir toda la historia para trabajar con aquello que el cuerpo todavía sostiene. En esta línea, someter al cuerpo a actividades catárticas que buscan una liberación instantánea, sin una preparación adecuada y sin un acompañamiento posterior, puede llevar a algunas personas a sobrecargar aún más su sistema nervioso o, por el contrario, a atravesar la experiencia sin llegar realmente a conectar con aquello que necesita ser transformado. El cuerpo también puede protegerse frente a una experiencia que intuye como un shock.

Desde el Método Phi, trabajamos los patrones a través de la propia historia, desde el presente: cómo se expresa en el cuerpo, en la mentalidad, en los vínculos y en el entorno, y cómo se está empleando y cuidando la propia energía. Ahí es donde el patrón se expresa. Y ahí es también donde puede comenzar a transformarse para legar un futuro mejor. Porque el presente es el punto de encuentro entre aquello que hemos vivido y aquello que estamos construyendo.

En los Programas de Transformación y talleres inmersivos One Shot en los que entrenamos la conexión con la mente extendida, lo hacemos siempre con la debida preparación y acompañamiento, para que la experiencia pueda ser realmente liberadora, transformadora y armoniosa.